De vuelta a la trinchera

En verano del 2018 mi hijo comenzó a jugar en el deporte del baloncesto. Nunca había jugado, pero tenia un deseo enorme de participar y así nos envolvimos el y yo en una aventura que me ha dado mas satisfacción, que todas las medallas y trofeos que halla recibido, en todos los años como atleta de este servidor.

Volví al deporte, pero esta vez de fanático. Gritando, coriando, aplaudiendo y disfrutando desde las gradas. Los que me conocen saben que no iba a durar mucho de fanatico y así fue.

Llegó el torneo de navidad de cowboys y el equipo de mi hijo se quedó sin dirigente. Adivinen a quién nominaron para tomar las riendas de un equipo que no ganaba y nadie queria.

Así comence a dirigir de nuevo. El presidente de la liga me decía "Viejo, nunca es tarde para regresar" y yo le hice caso y comenzamos a practicar, apretar tuercas sueltas y a jugar.

Tenia un equipo de 10 jugadores, 3 jugadores con experiencia, mi hijo que habia jugado en el torneo de verano y 6 jugadores que lo único que sabian de baloncesto era que la bola es redonda y que tenian que hacer que entrara por el aro para anotar. Les confiezo, al principio me frustré, pero mi hijo me observaba y escuchaba cada palabra, cada gesto, cada suspiro que yo daba. A veces mi mayor reto era lucir bien ante él.

Llegó mi primer juego como dirigente y camino al mismo mi hijo me miraba sin decir una palabra. Su rostro reflejaba algo de miedo y creo que algún día me dira como se sintió ese día, pues lo trate con el mismo caracter y firmeza que a los demas niños. Aún recuerdo su mirada y su molestia cuando lo senté en la banca por no seguir instrucciones. Al final, despues de mucho esfuerzo y discusiones con las estrelkitas del equipo, ganamos nuestro primer juego.

Felicitaciones, gozo, algarabia y padres contentos y un dirigente esplotao fue lo que dejo el día.

Fue un trabajo duro, ajustes y mas ajustes y comenzamos a despuntar. Ya no eramos el equipo del que nadie hablaba. Ahora eramos el centro de atracción. Padres motivados con un grupo de wattsapp y un dirigente motivado por la mirada de un hijo que esperaba recibir un trato preferencial, por ser hijo del dirigente.

Fueron momentos tensos, pero gloriosos, porque el equipo ya lucia como un contendiente de primer nivel. Sudaron, me escucharon, planificamos, ejecutamos y llegamos a los cruces.

Vencimos a uno de los mejores equipos y fuimos a la semifinal e hicimos lo mismo, ganamos.

Llegamos a la final y aunque muchos estaban ahora de fanaticos de nuestro equipo, no nos daban mucho margen para ganar y no eramos los favoritos. El equipo que enfrentabamos, ya nos habia vencido en otros partidos, pero mis guerreros estaban decididos a dar una gran batalla.

Ya no estaba al mando de unos jovencitos asustados con poca experiencia y deseos de jugar. Ahora estaba al mando de unos jovencitos asustados que querian ganar y saber lo que era sentirse campeones.

Creo que yo estaba más asustados que ellos. Mi coach me dijo: "Lo logramos, estamos aqui", pero yo solo veia el rostro de mi hijo, su alegria y yo solo escuchaba el eco de aquellos padres gritando desde las gradas, Lets go Spurs.

Fui al baño como 10 veces, me tore agua en la cara, respiré profundo y salí a dirigir.
El partido fue un primer quarter desastroso y una primera mitad en la que perdíamos por 20 puntos.

Recuerdo haber gritado, peliado y hecho mil gestos de desacuerdo, pero les dije: "Ustedes vinieron aquí a perder o a ganar", recuerdo sus caritas, sus gestos, su frustración. Habian hecho todo y no podian vencer aquel equipo. Fue un momento de tensión para mi cuando me dijeron: "Queremos ganar, pero no sabemos como hacerlo", creo que la presión me subió y me tuve que sentar por un momento. Todos me miraban esperando instrucciones y los ojos de mi hijo me miraban como diciendo: Tu eres el dirigente, que hacemos.

Les dije, no nos queda otra que presear, fajarnos, evitar que encesten y encestar nosotros.

Rapidamente les expliqué como hacer un preseo 1-3-1 y comenzo la batalla. Despues de mucho sudor y cambios constantes de jugadores frescos para mantener ese preseo durante dos quarters, logramos estar al frente en el marcador. Ya faltando unos 2 minutos ganabamos por 12 y ellos ni lo habian notado. Recuerdo pedí tiempo para calmarlos y que descansaran. Les dije antes de que se sentaran: "Miren la pizarra, miren la pizarra", ahi se dieron cuenta de que ganaban por 12 y solo necesitaban aguantar el preseo por 2 minutos más. Ellos se hablaron, delinearon la estrategia y buscaron mi aprobación. Yo asentí, me senté y disfrute de los 2 minutos mas satisfactorios de mi vida deportiva: observé desde la banxa como mi hijo y sus compañeros ganaban un campeonato.

Fueron momentos de euforia, padres alegres, jóvenes experimentando el gozo de triunfar, pero para mi fue el día en que mi hijo aprendió una lección de disciplina y trabajo en equipo que nunca olvidará.

Ayer terminó segundo en el torneo 3 pa 3 de cowboys y al verlo jugar sin que yo le diga como hacerlo, vale todo el tesoro dek mundo. Jalil eres mi campeón.

Papá

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