Amigo Maestro

Que tu día se apaciente en las mañanas
y tu luz tenga el brillo de un gigante sol.
Que tu voz sea el susurro de una nana,
que inspire, cuide y cante al corazón.

Que a mitad del día sonrías con calma,
cuando cada niño quiera robar tu pasión,
pues es mejor reir de sus pachotadas,
que llenarte de rabia y frustrar tu razón.

Que a las tres de la tarde no desees nada,
que no sea darles un beso con todo el amor,
a seres imperfectos que al salir del aula,
serán huellas ocultas de toda tu creación.

Que tus tarde y tus noches sean trilladas,
en la constante busqueda de una solución,
a mentes opacas que todas las mañanas,
llegan a tu encuentro buscando salvación.

Johnny Berríos

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